-Algunos de los mejores ejemplos de la arquitectura románica se encuentran en los monasterios, pensados para satisfacer las necesidades espirituales y materiales de la comunidad.
La riqueza alcanzada por los monjes benedictinos impulsó una reforma, con intención de volver a la pureza de la regla. En el año 1089 el monje Roberto se instaló en Cîteaux (Borgoña), de donde deriva el nombre de la orden que fundó, los cistercienses. Otro monje, Bernardo de Claraval funda cuatro abadías, hijas de Cî teaux, desde las cuales los monjes blancos, llamados así por sus hábitos, se extienden por Europa, manteniendo una estrecha relación con la casa madre.
No definieron un estilo propio, pero su difusión coincidió con el nacimiento del estilo gótico, por lo que incorporan algunas de sus soluciones constructivas (por eso hay que hablar de románico o de gótico). Los cistercienses combaten la decoración románica; califican de «monstruos ridículos» a los animales fantásticos de los capiteles, que pasan a ser decorados con formas vegetales, y pintan las paredes de blanco, lo que produce una limpieza constructiva y una extrema sobriedad.
Entre los más importantes monasterios cistercienses levantados en la península Ibérica figuran los de Santes Creus y Poblet en Cataluña, Fitero en Navarra y Santa María de Huerta en Soria. También se levantaron monasterios cistercienses femeninos, como el de las Huelgas en Burgos, con escasas diferencias de organización, lo más notable es la mayor altura de la sala capitular, al no situarse encima el dormitorio de las monjas.