-En torno al Nilo surgió una de las primeras grandes civilizaciones de la historia: el Egipto de los faraones, que ya a los griegos de la época de Homero les fascinaba por su antigüedad.
La historia de Egipto comienza hacia el año 3100, cuando Narmer unificó el país y se convirtió en el primer faraón. Desde entonces y hasta la conquista romana, en el siglo I a.C., se divide en varios períodos, entre los que destaca el Imperio Antiguo (2686 a 2181 a.C.), época en que se definen las características del arte egipcio y se construyen algunas de las principales obras de esta civilización. El siguiente período en importancia es el Imperio Nuevo (1550 a 1069 a.C.), el momento de mayor esplendor del Egipto faraónico.
Condicionantes religiosos y sociales del arte egipcio
El desarrollo artístico en el antiguo Egipto está supeditado al complejo sistema religioso que rige toda la sociedad, con el faraón a la cabeza, un ser cuya naturaleza estaba más próxima a los dioses que a los seres humanos. La mayoría de los dioses a los que se rendía culto empezaron por tener forma animal, por ejemplo, Horus, el halcón, Khunm, el carnero, o Apis, el toro, aunque terminaron por adoptar forma humana o híbrida, por ejemplo, Anubis, con cuerpo de hombre y cabeza de chacal. También tuvieron gran importancia las divinidades solares.
Estos dioses vivían en las esculturas de sus santuarios. La creencia en la eternidad de los seres, animados e inanimados, unidos por lazos indisolubles, es decisiva para explicar la realidad artística, absolutamente ligada a la vida de ultratumba y al poder faraónico. La parte más importante del alma del faraón, el ka o espíritu vital, se separaba del cuerpo al morir, pero permanecía junto a él: para ello se realizaba la momificación y una estatua doble del difunto.
En la sociedad egipcia, esclavista y fuertemente jerarquizada, el arte estaba vinculado al faraón y a su corte, en primer lugar, y en segundo término, a los sacerdotes y gobernadores provinciales. Los artesanos trabajaban bajo directrices muy rigurosas, de manera que se puede hablar de anonimato creativo. Todo ello explica la grandiosidad de la arquitectura egipcia, asociada a un poder religioso concebido como absoluto y eterno.