-Durante el siglo XVI se agudiza el debate teórico sobre el arte de la pintura, que había tenido su razón de ser en el Quattrocento.
En la escuela pictórica florentina del siglo XVI, fuertemente determinada por Rafael y Miguel Ángel, se encuentra la caracterización más típica del manierismo pictórico. Uno de sus representantes más característicos es Jacopo Pontormo (1494-1557): en el Descendimiento (c. 1523) se pone en evidencia su nueva manera de representar los temas sagrados, donde el cuerpo humano se muestra en distintas posturas, con las figuras dispuestas escalonadamente, lo que permite establecer una nueva noción de la composición pictórica, al engarzarse de manera circular, como en un torbellino de actitudes inestables; el espacio agobiante y el color, de una irreal brillantez, sin el claroscuro propio del pleno clasicismo, contribuyen a acentuar esa sensación misteriosa, peculiar del manierismo.
Discípulo suyo es Agnolo Bronzino (1503-1572), preocupado por el concepto de belleza como algo intelectual. Una de sus obras más famosas es la titulada Venus abrazada por Cupido o El descubrimiento de la lujuria (c. 1545), una compleja alegoría erótica, donde se pone de relieve la aparente victoria de la belleza sobre el amor, al representar a Venus arrebatando de forma perversa una flecha a Cupido; a la derecha aparecen el Placer, una niña que porta un panal de miel y un aguijón, y el Engaño, que derrama una lluvia de rosas sobre los amantes; pero, al fondo, el Tiempo desarma a Venus, al desvelar el manto azul que iba a colocar el Fraude.