-En torno al Nilo surgió una de las primeras grandes civilizaciones de la historia: el Egipto de los faraones, que ya a los griegos de la época de Homero les fascinaba por su antigüedad.
Dada la importancia de la creencia en una vida ultraterrena, los edificios funerarios fueron los más característicos. Ya en la I dinastía aparece la mastaba, una tumba constituida, exteriormente, por una estructura rectangular con paredes en talud, evolución de un túmulo primitivo, en uno de cuyos lados se abre una capilla de ofrendas. Se orientaba a los cuatro puntos cardinales y en su interior estaba la cámara mortuoria, con la momia, y el serdab, donde se guardaba la estatua del ka. Se agrupaban en necrópolis. Pero el edificio más común fue la pirámide, enterramiento real típico del Imperio Antiguo, cuya forma evoluciona desde la mastaba; la pirámide escalonada de Zoser, en Saqqara, constituye una fase intermedia, hasta llegar a las de los faraones de la IV dinastía, Keops, Kefrén y Micerino, en Gizeh. Sus estancias son, básicamente, las mismas, aunque se hacen cada vez más complejas. Fueron realizadas con sillares de piedra, con estudiados sistemas de disposición de hiladas que conducen los empujes hacia el centro. Poseen un acusado sentido simbólico, buscando relaciones numéricas y orientaciones solares.