-El agua sólida, es decir, el hielo, flota sobre el agua líquida. Esta es una propiedad muy extraña en la naturaleza, pero que es crucial en un planeta cubierto de agua como el nuestro: la dilatación anómala.
Además de la dilatación anómala, el agua tiene otras propiedades que son de gran interés y que permiten explicar muchos fenómenos que suceden en el planeta y en los ecosistemas acuáticos.
Muchas de estas propiedades tienen relación con los cambios de estado del agua, y con la forma en que estos se realizan (energía necesaria, puntos de fusión y ebullición, etc.).
CALOR ESPECÍFICO
El calor específico de una sustancia es la cantidad de energía (en forma de calor) que hay que aportar para elevar en 1 ºC la temperatura de un gramo de esa sustancia. Se mide en julios por gramo y grado centígrado. El calor específico del agua es notablemente elevado: 4,184 J/g ºC (compárese este valor con el del mercurio, 0,139 J/g ºC). Esto quiere decir que para subir 1 ºC la temperatura del agua, hace falta mucha energía y que, cuando el agua se enfría, libera mucho calor.
Así, en zonas cercanas a la costa la temperatura ambiente suele ser más moderada que en las zonas de interior.
PUNTOS DE FUSIÓN Y EBULLICIÓN
El punto de fusión del agua, que coincide con el de congelación, es de 0 ºC. Es la temperatura a la que coexisten los estados sólido (hielo) y líquido del agua. El punto de ebullición es 100 ºC: a esa temperatura coexisten los estados líquido y gaseoso (vapor de agua). Este amplio margen entre ambos puntos tiene un gran interés en la naturaleza: garantiza la existencia de agua líquida en un amplio margen de temperaturas.
Este mantenimiento del agua líquida tiene gran importancia para su circulación por el planeta y también para la biosfera.
CALOR DE VAPORIZACIÓN
El calor de vaporización es la cantidad de calor que hay que aportar a un gramo de una sustancia en estado líquido para que se vaporice, es decir, para que pase a estado gaseoso.
El agua tiene un calor de vaporización muy elevado. Esto quiere decir que es necesario aportar mucha energía para que se vaporice, y que, cuando se condensa, libera mucha energía.
Esto hace que el agua sea una buena sustancia refrigerante del organismo. El agua que se evapora en la superficie de un ser vivo absorbe calor del organismo actuando como un regulador térmico.