Volcanes y terremotos son dos de las manisfestaciones más evidentes de la actividad de las placas litosféricas en nuestro planeta. Su distribución en el planeta es también una prueba de la tectónica de placas.
Se trata de fenómenos especialmente frecuentes en tres zonas concretas: en medio de los océanos, en los arcos insulares de Asia oriental y meridional, y en el borde de los continentes. Estos hechos indican que los terremotos y el vulcanismo se producen en dorsales y en zonas donde hay contacto de dos placas.
Las regiones activas más importantes, en la actualidad, son tres: el cinturón de fuego del Pacífico, la franja mediterráneo-asiática y las dorsales oceánicas. El «Cinturón de fuego», o círculo circumpacífico, es un conjunto de zonas que corresponden a bordes de placa donde la actividad sísmica y volcánica se debe fundamentalmente a procesos de subducción.
La franja mediterráneo-asiática afecta al mar Mediterráneo, al Himalaya y a Indonesia. Los procesos que se dan en esta zona son de subducción y obducción, tanto de grandes placas como de microplacas.
En todas las dorsales oceánicas se detectan procesos sísmicos y volcánicos. Se deben a la separación de las placas por la intrusión de material procedente de la astenosfera y al movimiento lateral en las fallas transformantes.