Los machos y las hembras siempre se pueden distinguir por sus gónadas y por el tipo de gametos que producen.
En muchas especies existen, además, diferencias morfológicas entre los individuos de uno y otro sexo, de modo que se pueden distinguir a simple vista. Este conjunto de rasgos diferenciadores se denomina dimorfismo sexual.
En ocasiones, las hembras son de mayor tamaño que los machos. Existen casos extremos en los que los machos son mucho más pequeños que las hembras, tanto que llegan a vivir adheridos a ellas o en su interior, como parásitos.