Las moscas tienen un vuelo peculiar. Son los únicos insectos capaces de cambiar de dirección tan súbitamente. Esto lo consiguen gracias a los llamados balancines.
Los balancines de las moscas son dos pares de alas modificadas en las que se encuentran abundantes mecanorreceptores. Este sistema de receptores es necesario para detectar los más mínimos cambios en la posición, las corrientes de aire, etc. Todo ello es imprescindible para que el insecto mantenga el equilibrio durante el vuelo y sea capaz de controlar los balancines para cambiar de dirección instantáneamente.
En la mosca, el sentido del gusto reside en los pelos gustativos, que están situados en la parte final de las patas y en las zonas bucales (por eso, cuando se posan, realizan movimientos que parecen como si las moscas se lavasen continuamente la cabeza con las patas anteriores).
Cada uno de estos pelos sensitivos es una estructura realmente compleja, que contiene cuatro pequeños órganos quimiorreceptores, uno para el azúcar, otro para el agua y dos para las sales.