Los órganos neurosecretores producen neurohormonas que son vertidas a la sangre y actúan sobre determinadas células.
Se conocen cerca de 200 hormonas en el cuerpo humano. Desde el punto de vista químico, las hormonas son sustancias muy heterogéneas, desde derivados de ciertos aminoácidos (como la adrenalina y la tiroxina), proteínas (como la oxitocina o la insulina) o esteroideas (como las hormonas sexuales).
Las hormonas liberadas por las glándulas endocrinas o neurosecretoras van a parar a la sangre y son transportadas por el sistema circulatorio a todas las partes del cuerpo. Sin embargo, solo ejercen su acción en células u órganos concretos, llamados células u órganos diana. Estas células disponen de moléculas receptoras que se unen específicamente a las hormonas.
Las hormonas proteicas tienen sus proteínas receptoras en la membrana de las células del órgano diana. Estas hormonas no penetran en las células de dicho órgano, puesto que basta su unión con la proteína receptora para que esta desencadene una serie de reacciones metabólicas que conducen al efecto fisiológico adecuado. Las hormonas esteroideas penetran en las células del órgano diana con facilidad, ya que sus proteínas receptoras están en el citoplasma. Estas hormonas pasan al núcleo y allí activan determinados genes, que inducen la síntesis de proteínas, que llevarán a cabo su función concreta.