Las relaciones que se establecen entre seres vivos de distintas especies son innumerables. No obstante, podemos distinguir varios tipos principales:
Competencia. Se da siempre que dos especies utilizan un mismo recurso, como el espacio para criar o un alimento. En general, dos especies no pueden competir por todos los recursos, pues una especie acabaría desplazando a la otra.
Depredación. Un ser vivo se alimenta de otro, al que da muerte. Se reserva especialmente para los carnívoros, aunque también incluiría a los herbívoros.
Comensalismo. Un ser vivo se alimenta de los restos que deja otro, al que no causa ningún perjuicio. Es el caso, por ejemplo, de ciertos escarabajos, que viven en los nidos de las aves y se alimentan de sus heces.
Parasitismo. Un ser vivo se alimenta a expensas de otro, al que causa un perjuicio sin provocarle la muerte, al menos de manera inmediata. Hay parásitos externos, como los mosquitos o las garrapatas, e internos, como las bacterias o la tenia.
Mutualismo. Es la relación que se establece entre dos especies con beneficio para ambas. Por ejemplo, algunas aves eliminan los insectos de los grandes rumiantes, de modo que los dos se benefician (cooperación). A veces, la relación es tan estrecha, que ambos organismos viven en íntimo contacto y no pueden vivir aislados, como las algas y los hongos, que forman los líquenes. Recibe entonces el nombre de simbiosis.