La superficie del planeta no presenta las mismas características a lo largo de toda su extensión. El clima, los accidentes geográficos, la luz, los colores, el agua, el suelo… son factores que se condicionan entre sí para dar lugar a la gran variedad de paisajes existentes, todos y cada uno de ellos adaptados a las condiciones de cada zona. El clima polar y las nieves perpetuas dan como resultado un tipo de paisaje distinto al que se forma con el calor tropical y las lluvias frecuentes.
Por tanto, los seres vivos que en ellos conviven y las relaciones que entre ellos se establecen también serán distintas.
Por otra parte, teniendo en cuenta el grado de intervención del ser humano en el paisaje podemos hacer dos distinciones: el paisaje natural, que está moldeado por la propia naturaleza y en el que no existe ninguna huella de la actividad humana, y el paisaje antrópico, donde la huella de la actuación humana es evidente.