Se formó hace unos 70 millones
de años, cuando África empezó
a desplazarse hacia el norte. La corteza
terrestre se plegó y los 2 516 000 km2
que formaron el nuevo mar acabaron
rodeados de montañas: al norte, Sierra
Nevada en España, los Pirineos y los
Alpes; y al sur, el Atlas y las cadenas
libanesas a lo largo de la fosa del Valle
del Rift.
El mayor impacto sobre
la región mediterránea, y, por tanto,
sobre su clima, radica en los estrechos
que lo unen con el Atlántico en
Gibraltar, con el mar Negro
en Dardanelos y el Bósforo, y con
el mar Rojo por el canal de Suez.
El clima del Mediterráneo se caracteriza por la alternancia de estaciones de los inviernos oceánicos templados, con notables lluvias, a los veranos desérticos, cálido-húmedos al norte y secos al sur. La media de lluvias oscila entre los 400 y 700 mm y no hay nieve por debajo de los 500 m.
La cuenca mediterránea presenta una gran variedad de especies vegetales. La vegetación mediterránea típica está formada por plantas perennifolias con hojas pequeñas y coriáceas, que supone una adaptación al calor y a las sequías estivales al disminuir la transpiración, lo que significa un ahorro de agua.
La fauna mediterránea también es muy abundante y variada, resultando los bosques lugares ideales para alimentarse, por sus pastos y sus frutos.
Destacan, entre otros, los lobos, los zorros, los gamos, las nutrias, las ardillas, los reptiles y las rapaces.
Es originario del Líbano, pero se ha extendido como cultivo por todos los países de la cuenca mediterránea, haciendo de esta región la principal productora de aceite y de aceitunas del mundo.
Europa es un lugar de nidificación y África lo es de invernada de muchas aves. El Mediterráneo es, por tanto, un paso obligado durante la migración en primavera de África a Europa y en otoño de Europa a África. También es fácil encontrar cobijo y lugares apropiados para nidificar.
Habita las aguas tropicales y subtropicales, pero también se puede encontrar en aguas templadas. En concreto, en el mar Mediterráneo oriental (Turquía, Libia y Grecia) hay importantes zonas de crías a las que las hembras acuden entre junio y septiembre a desovar.
Las tortugas se alimentan de medusas, pequeños peces, crustáceos, moluscos y erizos, esponjas y calamares.
Se puede encontrar en cualquier tipo de terreno, aunque prefiere los arenosos, sueltos e incluso calizos a lo largo de toda la región mediterránea.
Al destilar la madera se obtiene la miera o aceite de cada, que se usa para cicatrizar heridas y eczemas. De sus frutos también se obtiene un aceite que tiene propiedades curativas.
Es una formación arbustiva típica de zonas de terrenos silíceos del mediterráneo termófilo. Suelen formar grandes extensiones en los suelos más pobres y erosionados. La especie principal es la jara prin
gosa (Cistus ladanifer); produce una resina, el ládano, que utiliza para inhibir el crecimiento de otras plantas. También se emplea esta resina en medicina por sus propiedades sedantes.
Son formaciones que se sitúan en bosques aclarados cuando estos se talan.
Las especies que componen este tipo de vegetación arbustiva pertenecen al grupo de las leguminosas, por ejemplo, las genistas, los cytisus, las retamas y los tojos. Suelen tener las flores amarillas o blancas.
El delta del Ebro es un gran depósito de sedimentos, cuya parte emergida ocupa una superficie de aproximadamente 320 km2. Es suficientemente grande para destacar en el perfil de todos los mapas de la península Ibérica y para verse con claridad en las imágenes captadas por los satélites artificiales.
De la existencia del delta y de su equilibrio depende el mantenimiento de unos ambientes acuáticos de gran interés ecológico.
La actividad agrícola, que ocupa más del 75 % de la superficie del delta, también es muy importante. En el delta se cultiva el arroz, hortalizas y frutales. Los recursos naturales y ambientales también son aprovechables de otras muchas formas: piscifactorías, explotaciones de sal, turismo.
El delta del Ebro sufre en la actualidad una regresión alarmante. Es decir, es erosionado progresivamente por la acción de las olas y de las corrientes marinas, ya que los sedimentos que antiguamente transportaba el río ya no llegan a la desembocadura en la misma proporción que antes. Esto se debe a que las presas que se han construido a lo largo del río, que permiten regular su caudal, retienen los sedimentos.
El esquema muestra la evolución del delta del Ebro desde el siglo IV hasta la actualidad. En los dibujos se puede ver que los depósitos sedimentarios (en color naranja) han aumentado, de manera que han ido añadiendo una lengua de tierra al litoral rocoso hasta llegar a formar el delta tal y como lo conocemos hoy. El mantenimiento de este frágil espacio natural depende, sobre todo, de que el río siga aportando sedimentos al delta. Si estos faltan, la acción erosiva del mar, el viento y el mismo río pueden hacer que el delta desaparezca.