De momento, parece lejano el momento en que se envíe una misión tripulada al planeta rojo, aunque se comienzan a barajar los pros y los contras del viaje y a estudiar algunas de las posibilidades. Se plantea, por ejemplo, si es mejor realizar una misión corta o una larga. La misión corta implicaría un viaje de ida y vuelta de unos 400 o 600 días para una estancia en Marte de aproximadamente un mes. La larga, un viaje con menor consumo de energía, que requeriría unos 900 días desde el lanzamiento hasta el retorno, con una estancia en el planeta de unos 200 o 250 días.
Pero, para pensar siquiera que esto es posible, primero es necesario lograr garantías de que es posible el retorno. Despegar de Marte no es igual que hacerlo de la Luna: la atracción gravitatoria es mucho mayor, por lo que se necesita un mayor empuje; es decir, más combustible y, por tanto, una nave más pesada que los módulos lunares. Más aún, si se considera que la tripulación sería más numerosa y si se desean traer a la Tierra abundantes muestras de la superficie marciana.