-Todo consumidor tiene derecho a que los alimentos que compre estén en perfecto estado, pero debe seguir las normas oportunas de manipulación de los alimentos.
La salazón y otras técnicas tradicionales
La salazón es una técnica muy antigua. Consiste en añadir sal a los alimentos y dejarlos secar al aire. Es la técnica que se usa, por ejemplo, con el bacalao o con el jamón, y se basa en que los microorganismos no pueden crecer ni sobrevivir en presencia de un exceso de sal. Técnicas parecidas, por ser tradicionales y por conseguir evitar el crecimiento de bacterias y hongos, son el ahumado (que se aplica a pescados como el salmón, por ejemplo) y la conservación en solución azucarada (que se utiliza en las mermeladas y en las frutas conservadas en almíbar).
Refrigeración y congelación
El frío hace que las bacterias y hongos crezcan más despacio o, si es muy intenso, que detengan su actividad casi por completo. De ahí que utilicemos la refrigeración y la congelación como técnicas de conservación de alimentos.
Los aditivos alimentarios
Los aditivos son sustancias que se añaden a los alimentos para que estos mantengan sus cualidades, o para potenciar o recuperar algunas que se han perdido durante el proceso de elaboración. Los aditivos que nos interesan, en el contexto de la seguridad alimentaria, son los conservantes. Se trata de sustancias que dificultan o impiden el desarrollo de los microorganismos.
Además de conservantes, los aditivos pueden ser colorantes, antioxidantes, acidulantes, espesantes, edulcorantes, potenciadores del sabor, etc.
La esterilización
La esterilización es un tratamiento al que se somete un alimento (o cualquier objeto) y que tiene como resultado la eliminación de todos los gérmenes. Se trata de una técnica muy utilizada en la industria láctea. Uno de los procesos de esterilización de la leche más empleados es la pasteurización, que consiste en calentarla a unos 80 °C durante 30 segundos. Este calentamiento súbito consigue producir la muerte del 99,5% de los gérmenes contenidos en la leche.