Nueva Zelanda, con una superficie de 270 534 km2, se encuentra al sur del océano Pacífico; 1 930 kilómetros al este de Australia y 7 200 km al sur de Hawai. Comprende dos islas que se separaron del supercontinente Gondwana hace 80 millones de años.
La orografía de las islas es muy variada, hay zonas montañas, con altitudes que superan los 3 000 m, depresiones, llanuras, fiordos, glaciares y volcanes.
La fauna de Nueva Zelanda se ha formado a causa de tres grandes migraciones. La primera ocurrió en el Mesozoico a través de un puente de tierra que permitió el paso de la primitiva fauna autóctona. Algunos de sus representantes son el kiwi, la tuátara y la rana leipodelma. En el año 1000 se produjo la llegada de los polinesios, y con ellos la rata y el perro. A partir del año 1779 las migraciones humanas provocan la entrada de muchos nuevos animales, como la cabra, el faisán, el pinzón, el mirlo, el ciervo rojo, el conejo, el turón y el gato.
Las plantas de Nueva Zelanda descienden de las que estaban presentes en la época del aislamiento de las islas, y de las que llegaron por el mar posteriormente. Este aislamiento prolongado ha originado muchas especie endémicas. El endemismo es elevado en las angiospermas (85 %) y menor en helechos (41 %).
Nueva Zelanda posee un antiguo interés por la protección de su medio natural (su primer parque nacional se creó en el año 1892) y la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad más del 15 % de su territorio.
La cobertura vegetal de Nueva Zelanda, a pesar de la presión humana que ha destruido grandes superficies mediante incendios, roturaciones y talas, conserva aún zonas de bosque autóctono, que son verdaderas reliquias del pasado.
En el noroeste, la región más cálida, hay selva subtropical, donde la vegetación es exuberante y existen enormes masas de árboles de distintas especies. Entre ellos destacan gigantescos ejemplares de kauríes (género Agathis). En el sudoeste del país, donde las lluvias son más fuertes, hay un bosque de hayas antárticas (Nothofagus), y en el centro de las islas, un bosque de la conífera Podocarpus, con abundante matorral.
Por encima de los bosques hay regiones esteparias y de pradera. En las zonas de mayor altitud aparecen gramíneas y musgos. Estas son las especies dominantes en la en la isla Sur, debido a la presión de los vientos y las nieves perpetuas.
La fauna de Nueva Zelanda se ha formado a causa de tres grandes migraciones. La primera ocurrió en el Mesozoico a través de un puente de tierra que permitió el paso de la primitiva fauna autóctona. Algunos de sus representantes son el kiwi, la tuátara y la rana leipodelma. En el año 1000 se produjo la llegada de los polinesios, y con ellos la rata y el perro. A partir del año 1779 las migraciones humanas provocan la entrada de muchos nuevos animales, como la cabra, el faisán, el pinzón, el mirlo, el ciervo rojo, el conejo, el turón y el gato.
El kaurí es el árbol más conocido de Nueva Zelanda debido a que es uno de los árboles más grandes del mundo.
El kiwi (género Apterix) es un ave no voladora, sin cola, con alas muy rudimentarias y patas muy robustas. Es nocturna y vive en los bosques de Nueva Zelanda con denso matorral. Tiene características muy diferentes a las del resto de integrantes del grupo de las aves. Por ejemplo, las narinas se abren en el extremo distal del pico y no en su base, como sucede en el resto de las aves. Esto, unido al hecho de que buscan alimento debajo del suelo, indica que los kiwis tienen un fino sentido del olfato, extraño también en las aves.
Los moas, del orden dinornitiforme, eran aves rátidas (con esternón plano), no voladoras, muy frecuentes hace siglos en Nueva Zelanda. Algunos moas, como Dinornis giganteus, podían alcanzar hasta 4 m de alto y unos 300 kg de peso. Otros, como Euryapteryx curtus, era del tamaño de un pavo.
Vivían en los bosques que cubrían casi completamente Nueva Zelanda, con anterioridad al despeje boscoso realizado por los maoríes, primeros habitantes de estas islas. Estaban muy extendidos en Nueva Zelanda cuando fue colonizada por primera vez hace unos mil años, pero ya estaban extintos o muy escasos cuando en 1769 el primer explorador y navegante británico, el capitán James Cook, visitó estas islas. La acción exterminadora humana, con fines alimenticios, provocó su completa desaparición hace 400 años.
El primer genoma mitocondrial completo de una especie extinguida que ha sido secuenciado es precisamente el del moa. Gracias a este trabajo se ha podido confirmar que los moa eran unas aves que se distribuyeron por el planeta cuando toda la superficie terrestre se encontraba unida en el supercontinente conocido como Gondwana.
El clima es templado, el norte más cálido que el sur. Las temperaturas son muy frías en las zonas alpinas y muy cálidas en las zonas más bajas.
Las lluvias son más frecuentes en los meses de invierno, de mayo a octubre. Su abundancia se debe en gran parte a las elevadas montañas que recogen el agua de las nubes que atraviesan el océano.