
La apertura de nuevas rutas comerciales en América, así como el contrabando, hicieron fracasar el bloqueo continental a los navíos de bandera inglesa. Las clases industriales europeas se vieron seriamente perjudicadas por la falta de materias primas importadas de Inglaterra y en todas partes, incluida Francia, se comenzaron a alzar voces en contra de la guerra económica de Napoleón. Portugal, aliado histórico de Inglaterra, era el último Estado amigo de los británicos, y Bonaparte adoptó la decisión de invadirlo.
La hegemonía inglesa en los océanos y la imposibilidad de trasladar las tropas por vía marítima exigían a Napoleón que sus ejércitos atravesaran la península rumbo a Lisboa. La estulticia de los Borbones españoles facilitó la invasión de Portugal (1808), cuyos reyes huyeron a su colonia americana, Brasil.