
Desde su nombramiento, Manuel Godoy había provocado el rechazo de todos los sectores del país. Las malas lenguas le consideraban el verdadero padre del infante Francisco de Paula, hijo de la reina María Luisa de Borbón-Parma. Los desastres militares, unidos a la penosa situación económica, contribuyeron a que el valido se granjeara la animadvesión de todo el país.
El príncipe Fernando había conspirado contra Godoy y el propio Carlos IV en 1807, con el apoyo de una camarilla de nobles que formaban el llamado partido fernandino. El contubernio había sido descubierto a tiempo y el príncipe obligado a retractarse (Proceso de El Escorial). Su figura, sin embargo, salió reforzada, cobrando cada vez más fuerza el sobrenombre de El deseado, que recalcaba su condición de regenerador de la monarquía española.