Se encuentra en Cabrera, pequeña isla del archipiélago balear, donde fueron enviados 9.000 soldados franceses, capturados en la batalla de Bailén.
La isla, que no contaba con las instalaciones necesarias para servir de cárcel a tal número de prisioneros, fue una ratonera donde dos de cada tres soldados perecieron después de un infrahumano cautiverio. Tras la paz de Valençay, los tres mil supervivientes pudieron regresar a Francia.
Años después, el Príncipe de Joinville mandó erigir un obelisco en memoria del trágico destino de la tropa francesa.