El Beso, una de las Leyendas más célebres de Gustavo Adolfo Bécquer, fue publicada en los periódicos entre 1861 y 1863. La leyenda relata una historia sobrenatural, en la que se entremezclan todos los ingredientes de la literatura romántica. La escena se desarrolla en el interior de una iglesia toledana, ocupada por las tropas francesas en plena Guerra de la Independencia.
«¡Capitán! -exclamaron algunos de los oficiales al verle dirigirse hacia la estatua como fuera de sí, extraviada la vista y con pasos inseguros-, ¿qué locura vais a hacer? ¡Basta de broma y dejad en paz a los muertos! El joven ni oyó siquiera las palabras de sus amigos y tambaleando y como pudo, llegó a la tumba y aproximose a la estatua; pero al tenderle los brazos resonó un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca y nariz, había caído desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro. Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrevían a dar un paso para prestarle socorro. En el momento en que su camarada intentó acercar sus labios ardientes a los de doña Elvira, habían visto al inmóvil guerrero levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guantelete de piedra.»