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La música. El periodo clásico

El clasicismo abarca desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta el primer cuarto del siglo XIX. Tres genios indiscutibles brillan con luz propia, Joseph Haydn, W. A. Mozart y Ludwig van Beethoven. España destaca por la presencia de músicos extranjeros de gran talento, como Domenico Scarlatti y Luigi Boccherini. El padre Soler es el compositor nacional más importante.
La Guerra de la Independencia

Papá Haydn, Mozart y Beethoven

Retrato de Mozart.

El cambio de mentalidad introducido por la Ilustración queda reflejado en la música, que aboga por una mayor naturalidad, lejos de la severa rigidez de las formas barrocas.

Se constata por consiguiente un alejamiento de la polifonía y una recuperación de las formas melódicas. La posición social del artista experimenta asimismo un paulatino proceso de independización respecto a los nobles, hasta alcanzar la total autonomía.

Joseph Haydn (1732.1709) es una de las figuras esenciales, en cuanto perfecciona la sinfonía hasta convertirla en lo que hoy conocemos, dotándola de un vivísimo color instrumental. La base de la sinfonía es la forma sonata, construida en torno a tres movimientos: un primer movimiento vivo, el allegro; un segundo movimiento lento, el andante o largo; y un tercer movimiento, allegro, o incluso presto, más veloz. Beethoven, en reconocimiento de estas creaciones musicales, le daría el apodo de Papá Haydn.

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) es una de las grandes figuras de la música universal y una de sus personalidades más fascinantes. Niño prodigio con unas dotes excepcionales para la interpretación del clave, y para la composición, fue educado musicalmente por su padre, Leopold, también compositor, que le paseó de gira por toda Europa durante largas temporadas. Al alcanzar la madurez, se establece en Viena, donde se convierte en el primer músico verdaderamente independiente, lo que le hará pasar épocas de penurias económicas. Frecuentará los círculos más exquisitos, e ingresará en la misma logia masónica que su colega Haydn.

Entre su producción, que es vastísima, destacan los conciertos para piano (conciertos número 20, 21 y 27) , las sinfonías (sinfonías 39, 40 y 41), las óperas (Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y la Flauta Mágica), y su obra crepuscular, un misa de réquiem, que compuso en circunstancias misteriosas, poco antes de su muerte, y que dejó inacabada.

Ludwig van Beethoven (1770-1827) personifica al artista genial y temperamental, que anuncia el romanticismo. Contemporáneo de Francisco de Goya, quedó sordo al igual que éste, verdadera tragedia para un músico, lo que estuvo a punto de empujarle al suicidio. Trabajador infatigable, sus libros de notas muestran cómo cada una de sus composiciones está precedida de muchos estudios, al contrario que Mozart, que escribía con gran fluidez, sin estudios previos y casi sin tachaduras. Tal vez por este motivo, la precisión de las partituras de Beethoven sea mucho mayor que las de Mozart, que permite a los solistas un margen mayor de improvisación.

Su música es fundamentalmente instrumental, siendo sus obras de más calado la serie de nueve sinfonías y las sonatas y conciertos para piano. Su última sinfonía recibe el sobrenombre de coral, al incorporar un coro en el último movimiento para cantar el Himno de la Alegría.


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