
Aunque el siglo XVIII español no es pródigo en genios literarios, tal como lo había sido el Siglo de Oro, destacan con voz propia algunos autores cuya obra está impregnada por las ideas de la Ilustración. Gaspar Melchor de Jovellanos (1744- 1811) es uno de los máximos representantes de la época, y su Informe en el expediente de la ley agraria (1795) es una de las obras cumbre de la literatura política del siglo.
Siguiendo la pauta marcada por las Cartas Inglesas de Montesquieu, José Cadalso (1741 -1782) escribió sus Cartas Marruecas (1789), obra póstuma donde emplea una ficticia correspondencia entre dos marroquíes para analizar con lucidez la problemática española de la época.
Leandro Fernández de Moratín (1760 -1828) figura como el gran dramaturgo español del neoclasicismo. El teatro es el género literario preferido por los ilustrados, porque permite llegar al gran público y sensibilizar a la población contra el fanatismo y la superchería que caracterizaban a las clases populares. Por la misma razón, era muy temido por los sectores inmovilistas del país, que lo acusaban de corruptor de costumbres y de transmitir ideas libertinas al pueblo.
El sí de las niñas (1806), inspirado en las comedias de costumbres de Beaumarchais (La boda de Fígaro, el Barbero de Sevilla) critica las absurdas costumbres de la aristocracia española, y aboga por la libertad de las mujeres a la hora de elegir marido. El carácter contestatario de la obra lo revela el hecho de que fue censurada por la Inquisición.