
El gran desconocimiento de la pintura clásica romana obligó a los pintores a buscar un referente en la estatuaria clásica. Se caracteriza la pintura neoclásica por la obsesión por el dibujo, que domina sobre el color, y el rigor de las formas. Las composiciones suelen ser simétricas y los grupos, cerrados. La sobriedad cromática es otra de sus características.
Penetró la estética neoclásica en España a través de los pintores extranjeros de la corte, pero sobre todo de Antón Rafael Mengs, pintor al servicio de Carlos III de estilo elegante y frío. El peso abrumador de la obra de Goya ensombrece a los pintores neoclásicos Vicente López y al excelente retratista José de Madrazo.