
En la parte inferior de la pirámide se hallaba un tercer grupo, conocido por este motivo en Francia como tercer estado, que agrupaba a todas aquellas personas que no pertenecían a los estamentos superiores. Este estamento inferior era el encargado de sostener a la Hacienda pública, pues era el único obligado a pagar impuestos.
Su carácter era manifiestamente heterogéneo, ya que agrupaba a más del noventa por ciento de la población de cada estamento, desde campesinos a artesanos, pasando por comerciantes o burgueses, abogados o médicos.
Los altos puestos de la administración pública, el ejército o la iglesia, que a menudo se transmitían en herencia de padres a hijos, eran territorio vedado para los miembros del tercer estado, que veían limitadas sus aspiraciones de desarrollar carreras de éxito.
En países como Francia, donde la Ilustración era un movimiento con una fuerte presencia, se daba la contradicción de que una próspera burguesía, enriquecida gracias al comercio colonial, no pudiera ascender socialmente. El poder económico de la burguesía no se correspondía, por lo tanto, con su poder político, dando lugar a tensiones que acelerarán el estallido de la Revolución Francesa.