Platón define la tiranía de la política.
El gobernante no está para atender a su propio bien, sino al del gobernado [...] Por tales motivos, los hombres de bien no están dispuestos a gobernar ni por dinero ni por honores. No quieren en efecto ser llamados mercenarios por exigir un salario, ni ser llamados ladrones por apoderarse de riquezas, ocultamente, desde el gobierno.