Una de las vías que ha seguido el mundo rural en los países desarrollados para enfrentarse a su declive es lo que se conoce como turismo rural.
Este nuevo tipo de turismo trata de acercar al viajero a núcleos rurales, principalmente del interior, y le da la oportunidad de conocer cómo se desarrolla la vida en el campo o en una pequeña aldea, y de practicar, además, ciertas actividades y deportes en contacto con la naturaleza (senderismo, rutas en bici, a caballo, o simplemente contemplar los paisajes).
El alojamiento se realiza en lugares especialmente acondicionados para albergar visitantes: cortijos, casascueva, albergues rurales, posadas, casas rehabilitadas, etc.
Aunque todavía son muy pocos los que practican el turismo rural, sobre todo si se compara con el turismo más convencional, lo cierto es que la evolución de esta actividad está siendo muy rápida. En 2009 los alojamientos de tipo rural recibieron 2,7 millones de viajeros; un 3 % más que en 2008. Estos viajeros realizaron casi 8 millones de pernoctaciones, lo que supone un crecimiento del 0,3 % respecto al año anterior.
En definitiva, el turismo rural permite también diversificar los componentes de las economías rurales, que, de otro modo, estarían condenadas a desaparecer, con los consecuentes costes humanos y económicos.