La Barcelona actual es la ciudad del automóvil, una ciudad dispersa en el territorio que consume espacio de una manera creciente cada día. En los últimos 25 años se han urbanizado más hectáreas en su área metropolitana de las que se habían urbanizado hasta 1980, y la población no ha crecido más de un 20 % durante este período.
El cálculo de la huella ecológica urbana, es decir, la cantidad de territorio que una ciudad necesita para mantenerse en su ritmo de desarrollo, ha revelado que Cataluña tiene un consumo de territorio biológico (bosques, agricultura o espacios para la renovación del CO2) de unas 2,25 ha/hab; que tiene un territorio equivalente a su consumo de energía de 1 ha/hab, y que la ciudad construida ocupa 0,05 ha/hab. Por lo tanto, nuestro modelo de desarrollo tiene una huella ecológica de 3,3 ha/hab. Al aplicar estos parámetros al total de la población vemos que Cataluña necesita un territorio de soporte de 5 veces su extensión, lo cual evidencia que estamos consumiendo mucho más espacio del que nos toca.