-Los océanos y los mares cubren casi las tres cuartas partes de la superficie terrestre. Su volumen total supone el 97 % del agua que hay en la Tierra, mientras que las aguas dulces (ríos y lagos) apenas llegan al 3%.
Constituyen un elemento fundamental del ciclo hidrológico al suministrar la humedad que permite que las plantas crezcan y hacer posible que los ríos sigan fluyendo cuando no llueve o se fusiona la nieve. Por ejemplo, si la sequedad atmosférica es grande, el agua almacenada en el subsuelo asciende a la superficie por capilaridad.
La mayor parte del agua subterránea procede de las precipitaciones, que van infiltrándose en el suelo hasta formar un estrato completamente inundado, llamado capa freática o manto acuífero.
El agua subterránea también se mueve, pero depende del tipo de roca: fluye con facilidad a través de rocas de grano grueso de gran permeabilidad (areniscas, basaltos, calizas). Puede desplazarse lentamente a través de los terrenos permeables hasta rezumar en una corriente o manar en una fuente, a veces por presión de forma natural o artesiana.
Algunas de las mayores reservas de agua subterránea, o acuíferos, son heredadas de condiciones climáticas pasadas muy diferentes. Por ejemplo, en África septentrional, donde hoy apenas llueve y es elevada la evaporación, se estima que las reservas son enormes.