(Siétamo, Huesca 1719 - Épila, Zaragoza 1798) Político.
Su actividad diplomática en Europa le llevó a familiarizarse con las ideas de la Ilustración. Nombrado gobernador de Castilla por Carlos III (1766-73), fue uno de los impulsores de la expulsión de los jesuítas y de las grandes reformas administrativas de la época.
Su enemistad con Floridablanca y su enfrentamiento con Godoy, ya en el reinado de Carlos IV, le hicieron víctima de la Inquisición (1794).
Después de un año de confinamiento en Granada, su caso fue sobreseído, y Aranda se retiró a Épila, donde murió.