-La monarquía trató de revitalizar el sistema de la Restauración ante la nueva situación que se inició después del «desastre del 98». Al no conseguirlo, el régimen entró en una continua y prolongada crisis.
Se cuentan muchas anécdotas de Alfonso XIII que le muestran como una persona campechana. En cierta ocasión, durante una cacería, se alejó del grupo de acompañantes y se sentó a la sombra de un árbol. Allí estaba cuando se le acercó un campesino.
-Dicen que anda cazando por aquí el rey. ¿Sabe usted si es verdad?
-Pues sí, eso dicen.
-Ya me gustaría conocerlo.
-Pues venga conmigo. Cuando lleguemos a donde está, verá que todos se descubren menos él. Así sabrá quién es.
Se pusieron en camino, y cuando llegaron donde estaba la partida, el campesino comprobó que todos se descubrían.
-Bueno -le dijo entonces Alfonso XIII-. ¿Sabe ya quién es el rey?
-Pues hombre... -repuso el campesino- o lo es usted o lo soy yo.
Sin embargo, era muy estricto con las personas de la Corte. En otra ocasión, un noble que frecuentaba el palacio le preguntó al rey.
-¿Cómo están las niñas, majestad?
A lo que el monarca, con marcada rigidez, contestó:
-Las princesas están bien, gracias.