Para la República Democrática Alemana y la Europa comunista el Muro se convirtió en símbolo de la contención ante la amenaza constante de invasión capitalista y lo denominaron «Muro de contención antifascista». Para la República Federal de Alemania y el resto de Europa y Occidente, el Muro era la evidencia del absoluto desprecio comunista por los principales derechos humanos: la vida y la libertad. De ahí el apelativo de «Muro de la vergüenza» con el que se le conocía en Occidente.