-Durante la etapa del Imperio, la sociedad romana estaba dividida en ciudadanos, que poseían derechos políticos, y no ciudadanos; entre estos últimos estaban las mujeres.
La población del imperio romano se dividía en dos grandes grupos: los ciudadanos y los no ciudadanos.
Al principio, el derecho de ciudadanía pertenecía en exclusiva a los varones libres nacidos en la ciudad de Roma. Paulatinamente, este derecho se fue extendiendo: primero, a todos los hombres libres de la península Itálica; después, a algunas provincias y ciudades que habían sido buenas aliadas de los romanos. En el siglo III d.C., el emperador Caracalla extendió el derecho de ciudadanía a todos los varones libres del imperio.
Las mujeres
Las mujeres, independientemente de su riqueza o de su lugar de origen, nunca fueron consideradas ciudadanas, por lo que carecían de la mayoría de los derechos: por ejemplo, no podían participar en la vida política ni ingresar en el ejército. Eran tuteladas por un varón: primero su padre, y, si este fallecía, su hermano u otro pariente; cuando se casaban, pasaban a la tutela de su marido. Se pensaba que el papel fundamental de las mujeres era la crianza de los hijos, pero la potestad legal sobre ellos era solo del padre. A pesar de estas limitaciones, las mujeres podían tener propiedades, regentar negocios y participar en las fiestas, espectáculos, etc.