Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares, fue el favorito de Felipe IV entre 1621 y 1643. Intentó corregir los vicios de las administraciones anteriores, aunque su verdadera vocación fue la política internacional. Se propuso restaurar el prestigio de la monarquía de los Austrias, tanto interna como externamente. Debido a su política centralizadora, creó la Unión de Armas e intentó establecer una fiscalidad común, lo que provocó la sublevación de Vizcaya, Cataluña y Portugal. En 1643, tras el fracaso de la expedición real a Cataluña, el rey se dejó ganar por las fuertes presiones que recibía de amplios sectores de la nobleza y le ordenó abandonar la corte.
La relación del valido con los artistas resultaba decisiva para estos últimos. Muchos de los grandes escritores del XVII se vincularon a la corte de Felipe IV, que giró durante años en torno a la figura de su privado. Olivares sentía interés por el arte y desarrolló diversas tareas para impulsarlo. Creó, por ejemplo, el Palacio del Buen Retiro, un lugar destinado al recreo del monarca mediante diversas actividades, como el teatro.
Pero Olivares también adquirió fama de hombre despiadado y ambicioso que no dudaba en eliminar a sus adversarios. Muchos artistas, conscientes de su poder, se esforzaban por obtener su favor mediante lisonjas y adulaciones, al tiempo que lo temían profundamente.
La muerte de Felipe III provocó el regreso a España de algunos escritores que habían sido hostiles al régimen anterior. Así, durante los primeros años del reinado de Felipe IV, regresó a la corte el poeta Juan de Tassis, conde de Villamediana. Este, sin embargo, ocasionó también problemas al nuevo valido, que pronto dio una de las primeras muestras de su poder. Los intereses políticos de Juan de Tassis resultaron incómodos a Olivares, que aprovechó la atracción que el poeta manifestó por la reina Isabel para precipitar su muerte.
El trato de Olivares a Quevedo fue variable. Si bien este adulaba durante un tiempo al valido en sus composiciones, las relaciones entre ambos acabaron por deteriorarse, y esto ocasionó que el escritor fuera encarcelado.
Góngora, que sentía simpatía por Villamediana, nunca fue bien visto por el favorito del rey, pues el protector del poeta pertenecía a una facción de la nobleza contraria a Olivares.
El ya afamado Lope aduló en diversas ocasiones al valido y participó en las diversas fiestas realizadas en la corte, aunque no logró integrarse plenamente en ella. Su afinidad con el duque de Sessa y el de Uceda (segundo valido de Felipe III), a los que Olivares había disputado el poder, supuso un impedimento en su relación con el conde-duque.
Es conocido también el trato favorable de Olivares a otros artistas como Velázquez, que obtuvo el cargo de pintor de Corte, o el joven Calderón de la Barca, que se convertirá en el dramaturgo de Palacio.