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La estancia en la corte del Buscón de Quevedo

Pablos hace creer a una muchacha y a su madre que es un hombre rico.

Di, para acreditarme de rico que lo disimulaba, en enviar a mi casa amigos a buscarme cuando no estaba en ella. Entró uno, el primero, preguntando por el señor don Ramiro de Guzmán, que así dije que era mi nombre, porque los amigos me habían dicho que no era de costa el mudarse los nombres, y que era útil. Al fin preguntó por don Ramiro, «un hombre de negocios rico, que hizo agora tres asientos (1) con el Rey». Desconociéronme en esto las huéspedes, y respondieron que allí no vivía sino un don Ramiro de Guzmán, más roto que rico, pequeño de cuerpo, feo de cara y pobre.

–Ese es –replicó– el que yo digo. Y no quisiera más renta al servicio de Dios que la que tiene a más de dos mil ducados.

Contoles otros embustes, quedáronse espantadas, y él las dejó una cédula de cambio fingida (2), que traía a cobrar en mí, de nueve mil escudos. Díjoles que me la diese para que la acetase, y fuese. Creyeron la riqueza la niña y la madre, y acotáronme luego para marido. Vine yo con gran disimulación, y, entrando, me dieron la cédula diciendo:

–Dineros y amor mal se encubren, señor don Ramiro […]

Yo hice como que me había disgustado por el dejar de la cédula, y fuime a mi aposento. Era de ver cómo, en creyendo que tenía dinero, me decían que todo me estaba bien. Celebraban mis palabras; no había tal donaire como el mío. Yo que las vi tan cebadas, declarele mi voluntad a la muchacha, y ella me oyó contentísima, diciéndome mil lisonjas […]

Al fin, la moza me hablaba y recibía mis billetes3. Comenzaba por lo ordinario: «Este atrevimiento, su mucha hermosura de vuestra merced…»; decía lo de «me abraso», trataba de penar, ofrecíame por esclavo, firmaba el corazón con la saeta… Al fin, llegamos a los túes4, y yo, para alimentar más el crédito de mi calidad, salime de casa y alquilé una mula, y arrebozado y mudando la voz, vine a la posada y pregunté por mí mismo, diciendo si vivía allí su merced del señor don Ramiro de Guzmán, señor del Valcerrado y Vellorete. […]

1 asientos: contratos de servicios públicos.
2 fingida: falsa.
3 billetes: cartas.
4 túes: tratamiento de «tú», que implica familiaridad.



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