La tragedia rodea a la familia Compson. El matrimonio de Caddy no dura mucho tiempo, ya que su marido la abandona al cabo de un año.
«Quería que ella y tú os llevaseis bien», dice. «Pero ha
heredado toda su testarudez. También la de Quentin.
En aquel momento pensé, con la herencia que ya tiene,
ponerla también ese nombre. A veces creo que ella
es la maldición de Caddy y Quentin que pesa sobre mí».
«Santo cielo», digo. «Sí que estás buena. No me extraña
que siempre estés enferma».
«¿Cómo?», dice. «No te entiendo».
«Espero que no», digo. «Una mujer decente está mejor
sin saber ciertas cosas que no entiende».
«Los dos eran iguales», dice. «Se aliaban con tu padre
frente a mí cuando yo intentaba corregirlos. Él siempre
decía que no necesitaban que los vigilasen, que ya sabían
lo que significaban honestidad y honradez, que ya nada
más tenían que aprender. Y ahora espero que esté
satisfecho».
«Bueno, tienes a Ben», digo, «alégrate».
«Me apartaron de sus vidas deliberadamente», dice,
«siempre ella y Quentin. Siempre conspirando en contra
mía. Y en contra tuya, aunque tú eras demasiado pequeño
para darte cuenta. A ti y a mí siempre nos consideraron
extraños, como a tu tío Maury. Yo siempre dije a tu padre
que tenían demasiada libertad, que estaban juntos
demasiado tiempo. Cuando Quentin comenzó a ir
a la escuela, hubimos de dejarla ir a ella al año siguiente,
para que pudiese estar con él. Ella no podía soportar
que ninguno hicieseis algo que ella no pudiese hacer.
Era vanidad, vanidad y falso orgullo. Y después cuando
empezó a tener problemas yo sabía que Quentin también
tendría que hacer algo malo. Pero creí que no sería tan
egoísta como para… ni se me pasó por la imaginación
que él…».