-La Divina comedia es un largo poema alegórico que describe la peregrinación que lleva a cabo el autor por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, acompañado por el poeta latino Virgilio en los dos primeros lugares y por su amada Beatriz en el tercero.
A través de las diferentes estancias del Infierno, Dante tiene la oportunidad de conversar con los condenados, que narran las acciones que les han llevado hasta allí. De esta manera, se encuentra con personas que conoció en su vida, y con multitud de personajes coetáneos a Dante, conocidos por su participación en la política de Florencia, o bien relacionados con el Vaticano, como cuando conversan con el papa Nicolás III, que está condenado en el octavo círculo por cometer simonía (hecho de beneficiarse económicamente a través de cosas sagradas como sacramentos o beneficios eclesiásticos). Así se encuentran con este personaje:
Del brocal cada pozo fuera echaba los pies de un pecador, y hasta do cría mollar la pierna, y lo demás guardaba.
Un fuego a todos en la planta ardía tan violento, la caña percutiendo, que retorcidos nudos roto habría;
y de punta a talón les va corriendo, como de cosa untada el cabo arroja llama que el unto aquel va manteniendo.
«¿Quién es ese, rector, que en su congoja bulle cual otro no de su linaje, y al que chupa –exclamé– lumbre más roja?»
Y él: «Si quieres –siguió– que allá te baje por esta riba, de su culpa el fallo te contará, y el mal que le trabaje».
Y yo: «Tan dulce lo que dices hallo, que es mi gusto tu ley; tú eres mi guía, y lo que siento ves, y lo que callo».
Al cuarto saco entramos, y la vía a la izquierda seguimos, descendiendo al fondo que los pozos contenía.
Y fueme en su cadera conduciendo el buen maestro, hasta tocar la cueva del que lanza el dolor, los pies moviendo.
«¡Oh tú, el que lo de abajo arriba lleva, tú, cual clavado leño, ánima esclava, si es que puedes –le dije–, a hablarnos prueba!»
Y como el fraile que confiesa estaba al asesino, que en el foso estrecho por dilatar su muerte nunca acaba.
Y él gritó: «¿Conque ahí ya estás derecho, ahí ya estás derecho, Bonifacio? ¿Mi entrevista marró por leve trecho?
¿Tan pronto estás de las riquezas lacio con las que haber por fraude no temiste la esposa que saqueaste en breve espacio?».
¿Cuál se queda cortado aquel no viste que no entendió lo que le fue respuesto? Pues yo mudo quedé como ese triste.
Virgilio exclamó entonces: «Dile presto:
No soy yo quien tu anhelo se figura».
Y así lo respondí, cual fueme impuesto.