-A grandes rasgos, en España se pueden distinguir cuatro grandes dominios agrarios.
Prados y cultivos en Cantabria.
La fachada norte y noroeste de la Península posee un clima relativamente húmedo a lo largo de todo el año y una topografía, en general, muy accidentada. En este marco, las principales actividades primarias que se desarrollan son la ganadería y la explotación forestal en el interior, y la pesca en la costa.
La abundancia de prados y pastos explica el tradicional desarrollo de la ganadería, que en las últimas décadas, ha experimentado una enorme transformación, orientándose hacia una explotación moderna, vacuna, preferentemente de producción láctea.
La actividad forestal también tiene una gran significación económica. Predominan los árboles de hoja caduca, principalmente las frondosas, tales como hayas, robles, castaños, etc., si bien hoy ocupan una buena parte de la masa forestal algunas especies de rápido crecimiento, como el eucalipto.
La agricultura tiene un desarrollo mucho menor. Los cultivos tradicionales son el maíz, el trigo y la patata, destinados al autoconsumo, y también los forrajes, para alimentar al ganado. En los últimos años, la superficie dedicada al policultivo ha disminuido, mientras que ha aumentado la superficie dedicada a los cultivos forrajeros.
En la España atlántica predominan las pequeñas explotaciones (minifundio), excesivamente parceladas. Se trata de un paisaje de campos cerrados: las parcelas están delimitadas por setos vivos, muros de piedra, vallas, alambres, etc.; abundan los prados y los bosques, y existe, generalmente, un poblamiento disperso.
Islas Canarias
El archipiélago canario presenta un clima subtropical, caracterizado por la insuficiencia de recursos hídricos, que unida a la carencia de suelos fértiles y a una topografía bastante accidentada, explican, en parte, la singularidad del paisaje agrario canario.
Para hacer frente a la escasez de agua se ha recurrido al riego a partir de los acuíferos subterráneos y del agua del mar, que se potabiliza en plantas desaladoras. Por otro lado, debido a la precariedad de suelos fértiles, se ha perforado la capa volcánica para alcanzar suelos más ricos y se han desarrollado nuevos sistemas de cultivo (por ejemplo, sobre arena). Del mismo modo, se han construido tradicionalmente «sorribas» para abancalar las vertientes.
Pese a esas dificultades, la agricultura constituye una importante fuente de ingresos para el archipiélago canario y tiene una clara vocación comercial.
Desde comienzos del siglo XX los productos fundamentales son, además de los plátanos y otros frutos subtropicales, las patatas tempranas y los tomates.
España interior
En la mayor parte del interior de la Península, el clima es mediterráneo continentalizado y la topografía es sumamente contrastada. En estas tierras la agricultura constituye la base de la actividad agraria y existen paisajes agrarios muy contrastados:
En la España interior coexisten el minifundio y el latifundio. Así, por ejemplo, en la Depresión del Ebro predominan las pequeñas explotaciones, a su vez muy parceladas, mientras que en Andalucía abunda la gran propiedad, y, salvo en las zonas de huerta, el poblamiento concentrado.
Litoral mediterráneo y Baleares
En las llanuras litorales mediterráneas y las islas Baleares la agricultura ha tenido tradicionalmente un gran desarrollo. Se trata, pues, de una agricultura fundamentalmente de regadío; el secano solo subsiste en las tierras alejadas de la costa.
Esta agricultura utiliza técnicas modernas e intensivas (enarenados, cultivos bajo plástico y riego por goteo), que consiguen dos, tres y hasta cuatro cosechas por campaña y que han transformado espectacularmente el paisaje (por ejemplo, Campo de Dalias en Almería). Es, por tanto, una agricultura muy rentable y, predominantemente, orientada hacia el mercado exterior, sobre todo hacia los países de la Unión Europea. Los principales cultivos son las hortalizas, presentes en todo el litoral, sobre todo en Valencia, Murcia, Almería y el delta del río Ebro. También tienen gran significación económica los cítricos y los frutales, especialmente en Valencia y Murcia, en el primer caso, y Cataluña, en el segundo.
En algunos casos se mezclan los dos aprovechamientos en una misma parcela, dando lugar a un paisaje de huerta arbolada. Los arrozales constituyen un paisaje característico de la albufera de Valencia, el delta del río Ebro y el bajo Guadalquivir, donde aprovechan las zonas pantanosas. Gracias a las nuevas técnicas se han introducido en las zonas próximas a las costas meridionales peninsulares determinados cultivos subtropicales.
La ganadería apenas tiene importancia actualmente. Tiene un mayor peso en Cataluña, donde destacan el ganado vacuno y el porcino.
Con unas explotaciones de tipo mediano e incluso pequeño, el litoral de la España mediterránea y las islas Baleares ofrece, a grandes rasgos, un paisaje de huerta y frutales salpicado de casetas para la maquinaria de trabajo o las infraestructuras del regadío.