Texto de Ireneo, obispo de Lyon de finales del siglo II, fragmento de su obra Contra los herejes (I, 26, 1), donde expone las ideas que tenía Cerinto sobre Jesús.
«Un tal Cerinto enseñó que Jesús no nació de una virgen, lo que parecía imposible, sino que era hijo de María y de José, de la misma manera que nacen todos los seres humanos, aunque los superó a todos en justicia, prudencia y sabiduría. Decía que después del bautismo, descendió Cristo sobre él en figura de paloma. [...] A partir de entonces, anunció al Padre y realizó milagros. Al final Cristo salió de nuevo de Jesús, y Jesús sufrió en la cruz. [...] Cristo en cambio no sufrió por existir espiritualmente.»