En 1244 el sultán Eyub conquistó Jerusalén y el papa Inocencio IV, en el Concilio de Lyon (1245), propuso una nueva cruzada. Al llamamiento solo respondió san Luis, rey de Francia con el nombre de Luis IX, que estuvo al mando de las cruzadas séptima (1248-1254) y octava (1270). Sus objetivos fueron Egipto y Túnez, respectivamente. El proyecto era dirigirse a estos países antes de atacar Jerusalén. El objetivo final no se consiguió y el propio san Luis murió en Túnez víctima de la peste (1270).