La cueva de Altamira, en Cantabria, contiene uno de los mejores conjuntos de pinturas realizadas durante el Paleolítico, la etapa más antigua de la Prehistoria. En ellas aparece una serie de animales, como ciervos, bisontes y caballos, representados en las situaciones habituales de su vida en la naturaleza. Las pinturas fueron hechas por las personas que ocuparon este lugar a lo largo de miles de años.
No se conoce con seguridad el motivo por el que pintaban estas figuras, ya que no conocían la escritura y no nos lo han podido transmitir. Sin embargo, gracias al método comparativo, que consiste en analizar a las sociedades de la Prehistoria a la luz de los estudios de las sociedades étnicas actuales, como los aborígenes australianos, podemos tratar de comprender el sentido mágico-religioso que pudieron tener estas pinturas. Algunas teorías, además, apuntan al hecho de que se utilizase en estos dibujos el propio relieve de las paredes de la cueva para dar volumen a las pinturas, lo que otorga al conjunto mayor realismo, y provoca un juego de luces y sombras que, a la luz de una llama, produce un efecto de movimiento en las mismas.
Las pinturas habitualmente están relacionadas con la caza y por eso aparecen animales representados en distintas actitudes o con lanzas clavadas, de la misma forma que se deseaba que ocurriese en las cacerías. En la actualidad, el acceso a la cueva de Altamira se encuentra cerrado al público debido al deterioro que estaban sufriendo las pinturas, pero existe junto a ella una espectacular reproducción en la que aparecen con toda exactitud las pinturas de la cueva original. Las imágenes de mayor realismo pertenecen a la representación de los animales que formaban parte de la comida habitual del Paleolítico. Pero en las cuevas no solo pintaban animales, sino también manos, puntos y figuras humanas. Dentro de las cuevas se pueden observar varias partes. En la entrada se realizaban las actividades de la vida cotidiana: preparar los alimentos y fabricar los instrumentos de piedra o la vestimenta. Algo más resguardado se encontraba el lugar destinado a dormir.
Las pinturas rupestres las realizaban en el fondo de las cuevas, un lugar reservado y protegido del exterior al que algunos investigadores dan el nombre de «santuario».