La imagen muestra un guerrero humano y otro con cabeza de lobo. Los vikingos creían que Odín inspiraba a sus guerreros un furor tan terrible que se convertían en animales y luchaban como tales. Se les llamaba berserkir, que significa «los de aspecto de oso», o ulfhednar, «los de la piel de lobo». La Ynglingasaga dice de ellos:
«Atacaban sin protecciones, rabiosos como perros o lobos, mordiendo sus escudos, fuertes como osos o toros. Mataban a sus enemigos, pero resultaban invulnerables al fuego o al hierro. Es lo que se llama furor de los berserkir.»
Verdaderamente, la gente creía que estas personas se convertían en lobos y cuando sufrían esta transformación eran capaces de matar a todo el que saliese a su paso. Eran los más terribles e imparables guerreros. La creencia en los hombres lobo estuvo muy extendida por la Europa central y del norte. En la actualidad, y gracias al cine, la leyenda del hombre lobo es conocida en todo el mundo.