En Galicia existe una tradición que habla de una procesión de almas en pena, que se deja ver a partir de las doce de la noche. Según se cuenta, estas almas salen de los cementerios y van en peregrinación hasta la casa de los que van a morir en pocos días. Llevan consigo a un vivo que tuvo la desgracia de encontrarse con ellos de frente, al que obligan a portar una gran cruz o un cubo lleno de agua bendita. Solo podrá librarse de esta pena, si durante sus peregrinaciones nocturnas tiene la suerte de encontrar a otro vivo al que le pueda encomendar su tarea.
Durante la Edad Media, el temor de los peregrinos a encontrarse con estos espectros hacía que no se continuara el camino hacia Santiago por las noches.