-La amplitud del espacio controlado por el imperio romano permitió que su religión recogiese muy diversas herencias.
En el siguiente texto Lucrecio, escritor romano del siglo I a.e.c., habla de cómo era una procesión de la diosa Cibeles, un culto de origen asiático que fue aceptado oficialmente por los romanos en el año 205 a.e.c.:
«La imagen de la diosa deja el templo montada en un carro tirado por dos leones [...] se la transporta en procesión entre el escalofrío de la multitud [...] entre música de palmas, tambores, címbalos y flautas es llevada a través de las ciudades la imagen silenciosa de la diosa. Y ella dispensa sus favores a los mortales con su muda protección; el bronce y la plata cubren todo el recorrido porque son una ofrenda generosa de los fieles. Cae una nieve de rosas que oscurecen a la Madre y al cortejo que la acompaña.»